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Revue d'anthropologie des connaissances

2011/2 (Vol. 5, n° 2)

  • Pages : 320
  • DOI : 10.3917/rac.013.0191
  • Éditeur : S.A.C.


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Manipular y coleccionar organismos vivos no es, en sí, una actividad innovadora reciente. Sería posible dar prueba de tales prácticas durante varios siglos de nuestra historia, más allá de su diversidad (Schnapper, 1988; Tassy, 1991, Chauvet y Olivier, 1993; Bowker, 2000). Pero el desarrollo de las biotecnologías introdujo una inflexión mayor respecto a las capacidades de conservación y de intervención sobre lo viviente. Desde un punto de vista funcional, los organismos vivos encierran numerosas entidades en lo sucesivo modificables (por ex. la recombinación de genotipos), reproducibles (por ex. las técnicas de ampliación génica como los PCR - Polymerase Chain Reaction), conservables (por ex. la criopreservación), que son el soporte de prácticas científicas, médicas, industriales, políticas y generalmente económicas (Morange, 1994; Gaudillière, 2002; Atkinson et al., 2009). Sean de orígenes vegetales, animales o humanos, estas entidades se convirtieron en potenciales yacimientos de «recursos biológicos» explotables (como estipula el Convenio sobre la Diversidad Biológica de las Naciones Unidas de 1992 [1]  El Convenio define los recursos biológicos como « los... [1] ). Como lo ilustra el desarrollo de contratos referidos a lo viviente (Bellivier y Noiville, 2006). Al igual que el empleo recurrente de la noción de «recurso biológico» en consorcios internacionales de investigadores, en los acuerdos entre Estados, en los hospitales, en los temas relativos a cultivos y al medio ambiente.

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Hay que decir que el auge de la biología molecular, de la bioinformática al igual que la secuenciación del genoma de cada vez más organismos, así como la puesta en evidencia de la pérdida de diversidad biológica sobre la tierra, no son cuestiones extrañas. De hecho, es ahí donde reside otra instancia en el empleo de esta noción: ella no se circunscribe a uno de los reinos de lo viviente (vegetal, animal y humano) sino que apunta a lo que los reúne: la vida. Uno de los objetivos de este dossier es documentar este acrecentamiento del poder (de los humanos) sobre la vida, este «bio-poder» como diría M. Foucault para estudiar «los procedimientos de poder y de saber [que] toman en consideración los procesos de la vida y se proponen controlarlos y modificarlos» (Foucault, 1976, p. 187).

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Efectivamente, más allá de los reinos, las prácticas que consisten en «distribuir lo viviente en un campo de valor y de utilidad» (ibid., p. 189) se multiplican en estas últimas décadas. El desarrollo de áreas naturales protegidas, las leyes de bioética, las colecciones de muestras biológicas administradas por biobancos o la selección animal sobre criterios genotípicos lo ponen en evidencia. De manera concomitante a su ascenso a los primeros sitios en las agendas políticas internacionales, los recursos biológicos ocupan también un buen lugar en las agendas de investigación en ciencias sociales. Sin embargo, la mayoría de las veces el estudio de lo viviente se restringe a uno de sus tres reinos. Si esta categorización tiene sentido respecto a la especificación de lo que está en juego y de ciertas prácticas que le son asociadas, no obstante resulta pertinente adoptar un punto de vista transversal y volver sobre lo que está en juego en estas tres formas de vida. Este es el vector que ha guiado la composición de este dossier sobre los recursos biológicos y que orienta este texto introductorio.

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Para mostrar lo heurístico, propongo en primer lugar delimitar lo que esta en juego de manera transversal a los conocimientos propios a estos recursos. En la sección siguiente, volveré a trazar la genealogía de la noción de recursos biológicos, para, luego, especificar las prácticas efectivas que se apoyan en esos recursos, circunscribiéndolas a un reino y vinculando los aportes de los artículos que componen este dossier. A manera de conclusión, propongo esbozar las grandes líneas de las apuestas de regulación que atraviesan los usos de los recursos biológicos.

TRES APUESTAS DE CONOCIMIENTO RELATIVoS A los RECURSOS BIOLÓGICOS

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Antes de documentar las prácticas propias de un reino, nos interesaremos por la transversalidad de las apuestas de conocimiento relativas a los recursos biológicos. Porque sean vegetales, animales o más específicamente humanas, tales entidades se apoyan en cadenas metrológicas e infraestructuras, puesto que son controladas en sus usos por dispositivos jurídico-éticos que las limitan y son el lugar de encuentros entre diversas comunidades epistémicas; lo que veremos sucesivamente.

Economizar la naturaleza y lo viviente

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A partir de los años 1970, con el fin de convencer a los responsables de la urgencia de tomar medidas de protección del planeta, los naturalistas orientaron su argumentación poniendo de relieve los «beneficios económicos» que proporciona la diversidad biológica sobre la tierra (Myers, 1983). Desde los artículos de prensa a los discursos políticos, de las investigaciones científicas a las asociaciones militantes, una concepción «economizada» de la naturaleza adquirió una cierta legitimidad y termina por banalizarse [2]  Ver a Lévêque y Mounolou (2001) el enfoque utilitarista... [2] . Diversas «tipologías de bienes y servicios prestados por los ecosistemas» nacieron. Abastecimiento de agua, control de la erosión, formación de los suelos son ejemplos de dichos servicios. Una vez estos bienes y servicios son identificados, queda entonces calcular los costos que hay que pagar si estos servicios fueran realizados por humanos. En un artículo clásico, publicado en la revista Nature, un equipo de ecologistas, economistas y geógrafos propuso tal evaluación monetaria de los servicios prestados por los ecosistemas terrestres y acuáticos (por ejemplo, depuración del agua y del aire, la retención de los suelos en los ecosistemas, el ciclo de los nutrientes, la polinización, la regulación de las poblaciones a través de las cadenas tróficas). Según los autores, estos servicios habrían costado entre 16 000 y 54 000 millares de dólar (US) al año si hubieran dado lugar a transacciones de mercado (Costanza et al., 1997).

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La cuestión de la pérdida de diversidad biológica, primero planteada como problema medioambiental y más tarde instituida en el marco de una problemática de gestión de recursos naturales (donde los recursos genéticos están en primer rango), suscitó la puesta en práctica de medidas, de indicadores, de inversiones de forma y otros dispositivos de cálculo requeridos para hacer factible tal equivalencia monetaria [3]  Sobre estas actividades de objetivación y de calificación... [3] .

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Lo mismo ocurre en lo que concierne al humano. A título de ejemplo, si, en el marco de la ley francesa, la no patrimonialidad del cuerpo prohíbe vender órganos o elementos [4]  Ver la obra de Bellivier y Noiville (2006) y el trabajo... [4] , esto no impide que, como modo de contribución a los costos de poner en disposición los recursos biológicos, las tumorotecas hospitalarias cedan un corte del tejido tumoral en parafina por 90 a 110 euros, una muestra de ADN tumoral por 100 a 200 euros [5]  Las tumorotecas siguen en esto las indicaciones elaboradas... [5] . Allí también, la facturación de bienes y servicios relativos a los recursos biológicos en el campo biomédico es una práctica en vías de banalización (aquí con las tumorothèques, en otros lugares con los Centros de recursos Biológicos (CRB), y más generalmente los biobancos). Los mercados de recursos biológicos de origen humano están efectivamente en pleno auge actualmente (Kaushik, 2006; Waldby y Mitchell, 2006; Pontille et al., 2007; Mitchell y Waldby, 2010), la extensión de una lógica contractual y de mercado (las patentes) en el mundo de lo viviente no es, ni mucho menos, marginal (Dasgupta y David, 1994; Cassier, 2002; Revue d’économie industrielle, 2002; Bellivier y Noiville, 2006; Gaudillière y Joly, 2006; Aubertin et al., 2007; Bonneuil y Thomás, 2009).

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Esto es igualmente sensible en el ámbito animal, donde la comercialización de los animales domésticos (con los poseedores de rentabilidad asociados) exacerba los juegos de selección de los reproductores (por ejemplo bovinos) e incita a la puesta en práctica de todo un conjunto de herramientas destinadas a evaluar el valor genético de estos últimos. Control de desempeño, prueba de la descendencia y, más recientemente, el estudio de vínculos, ecuación de predicción e índices de valor genético, son ejemplos de dispositivos calculatorios que permiten equipar las prácticas de cruzamiento, de cría de ganado y de puesta en el mercado de los animales domésticos (Verrier et al., 2010).

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En estas prácticas de economización entran en el juego «procesos de metrologización, de racionalización, de enmarcamiento» de la naturaleza y de lo viviente «por la clasificación, la cuantificación y el cálculo» (Bidé et al., 2009, p. 277) [6]  Hago aquí referencia el marco teórico elaborado por... [6] , de los «servicios prestados por los ecosistemas», de los recursos biológicos o genéticos, o más aún de los indicadores sobre las evoluciones del clima. Allí esta la primera apuesta de conocimiento: ¿Cómo ha sido posible una «valuación» de mercado de la naturaleza y de lo viviente y de los «recursos» que se le asocian? ¿Cómo participa esto de su «economicización» ¿Cuáles son los enfoques jurídicos? ¿Las apuestas políticas internacionales? ¿En cuáles sentidos podemos hablar de mercados de la biodiversidad, de mercados de los recursos biológicos? ¿Qué lugar ocupan allí las cadenas metrológicas y, más generalmente, las infraestructuras en las cuales se apoyan? ¿Con cuáles convenciones y cuáles asimetrías (entre actores, entre país del norte y del sur, etc.)?

Reglamentar los usos

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La segunda apuesta, consubstancial a la primera, es también importante: el reajuste de los usos y el control de la distribución de estos recursos (de orígenes humanos, animales o vegetales). La posibilidad de extraer elementos de cuerpos humanos, de animales o de la naturaleza, de conservarlos bajo una forma estabilizada y de utilizarlos se ha acompañado efectivamente de un marco jurídico-ético de prácticas cada vez más precisas [7]  Cf. el Convenio sobre la diversidad biológica de 1992,... [7] . Lo que no dejó de levantar numerosas tensiones jurídico-éticas (Commin, 2010, para lo humano), (bio) políticas (Raman y Tutton, 2010) y económicas (Kaushik, 2006) así como las controversias vinculadas a los OGM y al cambio climático. Así se ponen en relieve prácticas inéditas y su aceptabilidad, su legitimidad o su justificación.

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Las evoluciones en curso son transversales a las apuestas de conocimiento relativas a los recursos biológicos en el sentido en que se trata de socializar entidades biológicas en el seno de un mundo común y de hacer aceptables las acciones que las movilizan. Si se abandona el enfoque esencialista - que procede de una aprehensión naturalizada de los recursos biológicos, frecuente en la literatura especializada (ver Inserm, 2005; Vlastos et al., 2009) y de los discursos político-institucionales donde también es cuestión de «recursos naturales», «genéticos» o «vivientes» [8]  Es por otra parte esa una de las razones de las críticas... [8] - sale a la luz todo el trabajo efectuado para fabricar y/o figurar estos recursos. Lo que requiere investigaciones para documentarlo y análisis para comprender cómo este trabajo de puesta en forma de estos recursos esta vinculado a las utilizaciones posteriores que lo hacen posible y acondicionan [9]  La definición propuesta en la CDB (Cf la primera nota... [9] . Es también el trabajo de regulación llevado a cabo respecto a los recursos biológicos que le conciernen: ¿cuál (es) la tensión (es) que hay entre los bienes considerados como colectivos o públicos y sus usos privados? ¿Cómo lo viviente es apropiado (contrato, derechos de propiedad intelectual, patentes)? ¿Qué dificultades surgen por el acceso de numerosos actores a equipos, áreas o bases de datos mutualizadas, sabiendo que estos accesos son orientados por lógicas de implicación profesional? ¿Con qué tipo de negociaciones y formas de cooperación ?

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Otras apuestas transversales de conocimiento están igualmente en curso, como las que consisten en aprender a manejar de manera diferente nuestra relación con el medio ambiente, las dualidades ontológicas (recurrentes) antiguas (Hombre - Naturaleza) que dejan progresivamente lugar a un solidarismo ontológico (co-génesis Hombre-Naturaleza) que autores como B. Latour (1991, 1993), P. Descola (2005, 2011) o R. Larrere (2005) contribuyeron a poner en perspectiva. Las modalidades de considerar las dinámicas de lo viviente en la gestión de los territorios, las prácticas de gestión «integrada» de los «recursos naturales» y de los ecosistemas y, más fundamentalmente, la reconfiguración de las cadenas de «interdependencia dinámicas y productivas entre actividades humanas y medios biológicos» (Kalaora 2010, p. 12) son ejemplos de experiencias y de dispositivos que merecerían análisis profundos.

Redefinir las prácticas epistémicas

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Brutalmente interrumpida en Venezuela en junio de 2010 por falta de financiamientos, la misión Tierra-océano estuvo a punto de ser la última expedición científica realizada por el buque «La Bourdeuse» (cuyo nombre hace eco a la fragata del mismo nombre guiada por Louis-Antoine de Bougainville, respaldada por un equipo de expertos con el fin de explorar los mares y océanos del globo a petición de Louis XV). Magnifico buque de tres palos perteneciente al pabellón francés y consagrado a la exploración científica en el mundo, el frágil aporte financiero en el cual reposaba estuvo a punto de caducar definitivamente y el barco a punto de ser vendido (Cf Le Monde del 7 de enero de 2011) [10]  Después de numerosos meses de incertidumbres, un fondo... [10] . Si, durante su última misión, algunas decenas de investigadores de horizontes disciplinarios heteróclitos estaban a bordo, el programa de la expedición no había sido elaborado y conducido por un areópago de científicos sino por el comité director de la Sociedad de exploradores franceses, en asociación con el Ministerio de la Investigación, socio de la misión.

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Esta anécdota reenvía a la gran heterogeneidad de dispositivos y actores comprometidos con la producción de datos relativos a lo viviente y al clima (Zimmerman, 2008). Ella señala el lugar que ocupan los investigadores al lado de otros tios de productores de saber (Callon et al., 2001; Leach et al., 2005; Bonneuil y Demeulenaere, 2007; Charvolin et al. 2007). También se plantea la cuestión de la gestión y del acceso a estos datos o, más bien, a las bases de datos (Hilgartner y Brandt-Rauf, 1994; Baker y Bowker, 2007; Hine, 2006; Milanovic et al., 2007). El relativo «desenclavamiento» [11]  La noción de désenclavement designa « las operaciones... [11] de las instituciones productoras de conocimientos y las modalidades de compromiso de los científicos en los dispositivos instituidos, generan otras tensiones de conocimiento: ¿cuál (es) son las implicación (es) de los investigadores en estas actividades (de forma y de cálculo, de colecta de datos, de apropiación, de circulación)? ¿Cómo participa esa dinámica entre científicos y otros actores en el seno de estas actividades? ¿En qué esto participa en una evolución de las actividades inherentes al oficio de los « trabajadores del saber «? ¿Cómo caracterizar los cambios epistémicos en curso y a qué conectarlos?

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Estas cuestiones conciernen a las condiciones, concretas y evolutivas, de ejercicio del oficio de investigador donde diversas opciones se le ofrecen: de una participación en dispositivos de gobernabilidad confrontados con la gestión de incertidumbres (LeMarec, 2010), a su contribución a las nuevas formas de articulaciones entre los resultados de investigación scientífica y los grupos sociales involucrados en estas investigaciones (Callon y Rabeharisoa, 2008) [12]  Ver, en el campo medioambiental, a Fortier y Alphandéry... [12] .

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Más allá de su asignación a aquello que los circunscribe por su pertenencia a un reino particular, vemos lo heurístico que encierra una aprehensión trans-categórica de los recursos biológicos: su inserción en el seno de cadenas metrológicas que contribuyen a la composición de lazos sociales y medio ambientales; los objetivos que ellos representan respecto de prácticas destinadas a la regulación de los usos, de la circulación y de la apropiación de lo viviente; las modificaciones que engendran en las actividades que los movilizan.

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¿Por lo tanto, si los recursos biológicos autorizan una reflexión que se abre sobre una serie de cuestiones fundamentales, relativas al medio ambiente, la salud, las ciencias, la agro-industria, qué hay de las prácticas efectivas donde ellos son comprometidos, sea bien a escala planetaria en sus relaciones con la biodiversidad, como a escala humana (en sus relaciones con la salud) y animal (a causa de la posición del genómico en la gestión de las especies domésticas)? Los artículos que componen este dossier abordan estos aspectos bajo el ángulo de uno de los reinos de lo viviente. Pero antes de presentarlos enfatizando las cuestiones que ellos estudian, la sección siguiente propone retomar el génesis de la noción de recursos biológicos

Genealogía de los recursos biológicos

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Las primeras expresiones de preocupación política sobre el medio ambiente datan de finales del siglo XIX - principios del XX. Sin retomar, en detalle, los impulsos de esta historia [13]  Ver el trabajo de la asociación para la historia de... [13] , es interesante observar las evoluciones semánticas que van de la naturaleza a la biodiversidad (pasando por el desarrollo sustentable, recursos naturales después vivientes). 1923 es en este sentido una etapa importante: en este agno se da en París, en el Museo nacional de historia natural, al primer congreso internacional para la defensa de la naturaleza. El 1 de junio, L. Mangin, director del museo y presidente general del congreso, pronuncia un discurso remarcable en varios conceptos. Simplemente tengamos en cuenta que aquí es lanzado un llamado verdadero a la defensa de la naturaleza, tanto por razones estéticas como «prácticas» [14]  «También queremos denunciar e interrumpir la destrucción... [14] . Sin embargo sólo posteriormente se va a confirmarse una aprehensión mucho más utilitarista de la naturaleza.

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Efectivamente, 25 años más tarde, en 1948, se funda la Unión Internacional para la Defensa de la naturaleza (UIPN). El texto fundador de esta organización indica, desde su preámbulo, que «podemos entender por ‘Defensa de la naturaleza’ la salvaguardia del conjunto del mundo viviente, medio natural del hombre. Este conjunto incluye los recursos naturales renovables de la tierra, factor primordial de toda civilización» [15]  Para los extractos de este discurso y su análisis,... [15] . Aunque aún es cuestión de Naturaleza, el término «recurso» es resaltado y será llevado en lo sucesivo a ocupar un lugar primordial , en detrimento del termino Naturaleza. Por razones políticas: el secretario general de la UIPN, desde 1949, toma nota del hecho que se revela poco conveniente la defensa de la naturaleza y decide reorientar su argumentación sin tener en cuenta consideraciones morales y estéticas, y avanzando en lo sucesivo «argumentos antropocéntricamente utilitarios» (Harroy, 1949) [16]  Evolución que se encuentra en el mismo nombre de la... [16] . Se despliega en esta franja la noción de «desarrollo sustentable» que pretende conciliar el desarrollo económico y la protección del mundo natural. En este movimiento, el uso del término naturaleza, progresivamente se difumina en beneficio del término «recursos vivientes», para acabar en el de diversidad biológica, o biodiversidad, en los años 1980 - teniendo como momento clave el Foro Nacional sobre la « biological diversity » organizado por la National Academy of Sciences y la Smithsonian Institution, y las obras que lo continúan como las de Wilson y Peter (1988) y Wilson (1992).

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Estos desplazamientos de sentido sugieren que el término de biodiversidad sustituya al de naturaleza por su mayor capacidad atractiva, movilizadora y flexible [17]  En este sentido podríamos tomar la biodiversidad como... [17] . La noción de recurso permite en este sentido, no mas considerar la naturaleza como un bloque monolítico, una entidad global y globalizante, sino al contrario como compuesta por una multitud de elementos (de recursos) cuya apuesta es su integración en el seno de una problemática de gestión: se trata de manejar la naturaleza, o el patrimonio natural, en el seno de una economía donde la naturaleza es instrumentalizada en forma de recursos. La diversidad biológica puede ser tomada así en sus aspectos funcionales, ecológicos y genéticos. Es fragmentable a diversos niveles, tanto escala de análisis como de acción (por ejemplo, ecosistemas, especies, genes). Pasamos así, a lo largo del siglo XX «de la defensa de la naturaleza al pilotaje de la biodiversidad», para retomar el título de la obra de P. Blandin (2009) consagrado a esclarecer las modalidades y lo que esta en juego en esta transición.

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El interés de este rápido sobrevuelo es proporcionar la ocasión de recordar las enseñanzas de Wittgenstein: para dar cuenta de eso, hay que situar los juegos del lenguaje en el seno de las prácticas donde se sitúan. Retrazar, aún a grandes rasgos, la genealogía del término de biodiversidad permite alumbrar la dinámica de su anclaje antropocentrista (la naturaleza no toma sentido sino en función del punto de vista de lo humano) y utilitarista (sólo es pertinente lo que es potencialmente útil). Esta retórica y los usos que se le vinculan tienen que situarse en sucesivas configuraciones históricamente constituidas en las cuales una concepción (estática) en término de «equilibrio de la naturaleza» (naturaleza virgen no degradada por los humanos) se sustituyó por la de «co-cambio» (entre viviente y no viviente, pero también entre especies), mucho más evolutiva (Blondel 1995).

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Es ahí dónde aparece, en este dossier, el interés de la perspectiva histórica desarrollada por Christophe Bonneuil y Marianna Fenzi, interesados en aprehender los recursos genéticos en el seno de la economía de las prácticas donde ellos son puestos en forma y empleados. Su artículo propone una historicización de los recursos genéticos vegetales y de sus usos a través al mismo tiempo de «enfoques de interpretación y de gobierno global de la diversidad genética de las plantas cultivadas», y de «enfoques de este problema». La exploración empírica de lo que se hace en nuestros días con los recursos biológicos es el horizonte de los cuatro restantes artículos que componen este dossier. Cada uno a su manera aborda más precisamente la cuestión del acceso a espacios poblados por tales recursos, y a prácticas de socialización y de regulación por las cuales estos recursos son asociados con nuestro mundo común.

Acceder a los recursos, regular sus usos

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Recolectar recursos biológicos o producir las informaciones sobre ese tema supone desde luego tener acceso a estos. Ahora bien los espacios que pueblan estos recursos no son homogéneos y contribuyen a singularizar las modalidades de su accesibilidad. Es el caso de la selva amazónica de Brasil y la riqueza del medio ambiente mexicano, dos situaciones analizadas de manera comparativa en el artículo de Geoffroy Filoche y Jean Foyer. Se pone en juego cada vez un espacio único (circunscrito al interior de las fronteras del Estado-nación) cuyas modalidades de acceso y de apropiación son el objeto de negociaciones entre Estados, en el marco definido por el Convenio sobre la Diversidad Biológica. Después de haber señalado juiciosamente la doble reducción que opera el Convenio recalificando los recursos biológicos en recursos genéticos («estamos pues frente a una reducción de la diversidad de lo viviente a su nivel fundamental (el gen), a su ontología material y, en definitiva, a su potencial instrumental (el recurso), particularmente desde una perspectiva económica»), los autores analizan la instalación progresiva del marco jurídico al cual remite. Éste se erige «de un compromiso entre países proveedores y países usuarios: los Estados que disponen de recursos genéticos van a cambiarlos por una serie de ventajas financieras y tecnológicas abastecidas por los Estados en condiciones de explotar y valorizar estos recursos, esto permite a cambio financiar la conservación». Pero los «contratos de bioprospección», cuya ejecución es aprehendida por Filoche y Foyer como la ocasión de una puesta a prueba política de los recursos genéticos, van a ver su utilización desviada de su finalidad original (i.e. instrumento de valorización de la biodiversidad), a utilizaciones más «económicas» (valorización de los servicios medioambientales en Brasil) y políticas (debates sobre OGM y bioseguridad en México).

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Resalta de eso que, según los autores, la categoría de recurso genético pensada para regular las actividades de bioprospección «se revela muy poca operatoria». ésta permitió sin embargo, no olvidemos, por la atribución de derechos de propiedad sobre los recursos genéticos a los países poseedores, économicizar un poco más la naturaleza, incluso contribuir a operar un cambio de régimen de intercambios a partir del cual el acceso a los recursos genéticos no es más abierto (free access), en referencia a la noción de «patrimonio común de la humanidad» [18]  Ver por ejemplo «El compromiso internacional sobre... [18] , sino que se efectúa en el marco de un mercado de bienes y servicios en relación con el término de biodiversidad (de la CDB de 1992 a Nagoya en 2010). En resumidas cuentas y por ahora, la erosión de la biodiversidad ha sido poco frenada por el Convenio y sus transformaciones (lo que era una de sus apuestas fundamentales) y la afirmación de la soberanía de los «países en vías de desarrollo» sobre sus recursos naturales tampoco indujo a un reequilibrio de las relaciones entre países del norte y del sur (Thomas, 2006; Revue Tiers-monde, 2010). Más fundamentalmente, mientras que el Convenio ofreció el marco que permie el desarrollo de las biotecnologías y la explotación de los recursos genéticos (ver Maljean-Dubois (2005) para un análisis jurídico), la apuesta política de constituir la diversidad biológica en «bien público» (Callon, 1994), sin excluir sus usos privados, queda en suspenso.

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El acceso a los recursos biológicos se presenta de manera muy distinta en el texto de Neil Stephens, Paul Atkinson y Peter Glasner, ya que ahí se trata de una multitud de espacios limitados (o confinados, contrariamente a los espacios al aire libre del artículo precedente), poblados de células humanas,de bancos de células madre. Su texto se refiere a la internacionalización de la economía de los tejidos y las descendencias de células madre embrionarias. Se concentra en caracterizar la «especificidad cultural de las prácticas de poner en el banco» respecto de las prácticas de estandarización internacional. La apuesta fundamental es conectar los bancos de células madre por medio del establecimiento de una red internacional, con el fin de mejorar las prácticas terapéuticas de las cuales estos bancos (y sus células) son soporte. Los autores analizan los dispositivos dedicados a la armonización de los aspectos técnicos y éticos de las actividades de poner en el banco las células madre al nivel internacional y, más precisamente, para los casos del Reino Unido, de España y de la India. En la estructuración de este espacio de intercambios no están solamente en juego los estándares técnicos relativos a poner en el banco sino también a prácticas de confianza, consideradas como prerrequeridas para la instauración de diversas formas de cooperación. Esta en mira la «garantía de la legitimidad de las células madre en términos sociales y científicos», verdaderamente esta en juego la puesta en circulación y, por lo tanto, de la socialización y de la regulación de estos recursos biológicos de origen humano [19]  Sobre la organización del don de células madre hematopoïéticas... [19] .

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Aquí también la apuesta política consiste en hacer circular y acceder a los recursos biológicos. La preocupación por la confianza que estudian los autores reenvía a un doble compromiso (simétrico) de células y tejidos de una parte, de humanos, por otra parte (Tutton, 2008). Concierne así tanto dimensiones técnicas (seguridad de calidad, bioseguridad) como bioéticas (las células deben ser «legítimas», su disposición «justificada» sobre los planos no sólo éticos sino políticos). Lo que, concretamente, consiste a evitar las controversias, a suscitar la confianza y acrecentar la aceptabilidad de las prácticas instituidas. Tantos aspectos que se encuentran mucho más allá de las células embrionarias y conciernen más generalmente a los biobancos como espacios de intervención sobre lo viviente (humano) (Gottweiss y Petersen, 2008).

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No sólo el empleo de células madre con fines clínicos contribuye a hacer evolucionar las prácticas biomédicas aumentando las posibilidades de intervención sobre lo viviente sino quedotado de una fuerte conexión y cada vez menos evitables en las prácticas contemporáneas de cuidados y de investigación, son más globalmente los recursos biológicos de origen humano que son soporte de prácticas médicas innovadoras. Abren en efecto la vía a las medicinas personalizadas (como la fármaco-genómica y las bioterapias), preventiva (con el desarrollo de test genéticos y el almacenamiento de células madre para utilización posterior) y regenerativo (regeneración de células y de tejidos). En esto participan en una reconfiguración de las relaciones entre ciencias biomédicas, medicina y mercado (Dodier, 2003) que ya es efectiva en el despliegue de mercados de células madre (Waldby, Mitchell, 2006) y más generalmente de recursos biológicos (Pontille et al., 2007), como en la puesta a prueba del «sistema de Sanidad Pública» (Giacomini et al., 2007) y de sus capacidades de regulación a la escala europea (Faulkner, 2009).

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El artículo de Céline Granjou e Isabelle Mauz se sitúa en una escala intermediaria, más limitada que la de los espacios naturales y mayor que la de laboratorios, ya que concierne a una zona bien delimitada en los Alpes franceses, calificada de «zona taller». Encargados de documentar, a la escala de un territorio, las modificaciones de los ecosistemas ligadas a las evoluciones de usos de la tierra y del clima, tales «talleres» son instructivos de las modalidades de producción de datos (medioambientales) y de su acceso por actores heterogéneos, portadores de expectativas diferenciadas pero que deben conciliarse en forma de «acuerdos». Su texto se apoya en el trabajo esencial, de producción de datos (ecológicos, agronómicos y climáticos) en la ecología contemporánea, más precisamente sobre la organización de un colectivo de investigadores y de gestores que interactúan a escala de una «zona taller». El artículo pone en evidencia las maneras por las cuales los investigadores equipan su trabajo (de producción de datos) regulando las colaboraciones que los vinculan con otros tipos de actores. Aquí, es la zona taller el instrumento colectivo de tal regulación: el acceso a los recursos biológicos se hace por la mediación de una política pública nacional que erige este tipo de taller al estatus de gran equipo (desempeñando así el papel de instrumento de acción pública). Lo que obliga a los investigadores a arreglarse con otros actores implicados en tales dispositivos, donde están particularmente en juego las formas de reconocimiento (profesional) fundadas sobre la circulación de los datos.

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Estas nuevas modalidades de colaboración y de conexiones entre actores, el ensamblaje de los datos que resultan en las bases de datos y su uso creciente en las prácticas científicas,particularmente ecológicas, contribuyen a redefinir el agenciamiento de las actividades constitutivas del trabajo científico y su organización (Hine, 2006). Puesto que utilizar datos relativos al medio ambiente sin haber participado directamente en su elaboración suscita problemas inéditos, irreductibles a aspectos relacionales de confianza - problemas particularmente debidos a las variaciones de escalas, frecuentes en las ciencias medioambientales (Zimmerman, 2008). En adelante, las modalidades de construcción de problemas públicos (locales y medioambientales) tienen también su importancia y a ese titulo deben considerarse ya que participan en la instalación de dispositivos en los cuales actores públicos y no públicos interactúan alrededor de objetos concretos de acciones, dando lugar a la producción de saberes situados performativos (Bruzzone, 2009).

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Finalmente, el artículo de Julie Labatut, Franck Aggeri, Bernard Bibé y Nathalie Girard se consagra a las evoluciones de las modalidades de producción de conocimientos relativas a la gestión y a la selección de los recursos genéticos animales utilizados en agricultura. Estudian, en una perspectiva longitudinal, el pasaje de un mercado local organizado alrededor de los animales reproductores a un mercado nacional e incluso internacional, estructurado alrededor de semillas y de servicios genéticos. Enfocándose más precisamente sobre el caso de las razas ovinas lecheras de los Pirineos atlánticos, muestran como recurrir a la genética (genómica, chip ADN, «índice genético») suscitó nuevas formas de cooperación entre profesiones agrícolas, investigación pública y el Estado. Los autores, poniendo en evidencia la sucesión de diversos regímenes de selección que, cada uno, apuntan a «mejorar los recursos genéticos animales» utilizados en agricultura, clarifican “la emergencia, la estructuración y la desestabilización, en Francia, de un «régimen intensivo de selección» en materia de gestión de los recursos genéticos animales en agricultura». Efectivamente, en estas evoluciones, la sustitución de una lógica de servicio (genética) a una lógica cooperativa (ampliamente debida a los recursos genéticos y su rol sobre un mercado llamado a desempeñar un rol creciente) provoca la desestabilización del régimen intensivo en el lugar y abre juegos de «competencia» entre regímenes distintos.

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Los instrumentos y los recursos vinculados a la genética-genómica son centrales en esta dinámica: participan en la fabricación de artefactos sociotécnicos como las razas ovinas lecheras y equipan los mercados de bienes y servicios genéticos donde los diversos regímenes de selección cohabitan (en relaciones de competencia y/o de cooperación).

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Pero aquello que esta en juego en estas prácticas excede ampliamente las preocupaciones por el mejoramiento de los recursos genéticos animales en agricultura. El caso de la acuicultura es un ejemplo: las fronteras entre poblaciones de cría de ganado y poblaciones salvajes son porosas en el sentido en que los medios donde evolucionan no son herméticos los unos de los otros. Los animales reproductores de cría de ganado son susceptibles de encontrarse en medio natural y ser entonces vectores de introducción de genes de cría de ganado en poblaciones «salvajes». ¿Cuáles serán entonces las consecuencias ecológicas de los híbridos que resultarán en la naturaleza? ¿Que amenaza para la diversidad biológica representan estos potenciales flujos de genes entre poblaciones domesticadas y, cuando aún existen, sus parentelas «salvajes»? Este problema se plantea de distinto modo según las especies animales, eso no se reduce a ellas puesto que concierne también a las especies vegetales [20]  Así como los álamos negros salvajes, amenazados por... [20] .

34

Los artículos que componen este dossier permiten apreciar en que medida «socializar los genes», y más generalmente los recursos biológicos, revela una empresa de regulación compleja. Compleja porque estos recursos estan dotados de una conectabilidad que crece sin cesar y son portadores de apuestas heterogéneas a veces divergentes (ver las lógicas industriales, científicas, ecológicas, médicas y políticas en obra en la utilización de los recursos biológicos que no convergen en si mismos). Y tanto más complejo como para estar comprometidas en acciones de tales recursos deben satisfacer criterios que les confieren una legitimidad sin la cual serían controvertidas.

35

Encontrar la medida para establecer dispositivos de prueba destinados a apreciar la calidad de los recursos biológicos parece entonces una apuesta política de primer plano. Consideramos que las pruebas en cuestión no pueden ser reducidas a una dimensión de mercado . Esa es por otra parte una de las apuestas, y no de las menos importantes, de los recursos biológicos, de examinar el lugar de la evaluación económica en sus usos e interrogar la pertinencia de este anclaje económico (y de la regulación de mercado ) como medio para tomar en cuenta las dinámicas de lo viviente en las actividades humanas.

36

Agradecimientos

Si bien este texto de introducción está firmado sólo a mi nombre, no representa sin embargo exclusivamente una empresa individual. Quiero agradecer aquí al Comité de Redacción de la Revista por haberme dado confianza, más particularmente a Dominique Vinck, Rigas Arvanitis, Florian Charvolin y sobre todo a David Pontille que me sugirió la idea y me apoyó en el curso de su realización.


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Notes

[1]

El Convenio define los recursos biológicos como « los recursos genéticos, los organismos o los elementos de éstos, las poblaciones, o todo otro elemento biótico de los ecosistemas que tienen una utilización o un valor efectivo o potencial para 1a humanidad « (CDB, p. 4).

[2]

Ver a Lévêque y Mounolou (2001) el enfoque utilitarista naturalizado, y Vivien (2005) su problematización sobre un plano económico

[3]

Sobre estas actividades de objetivación y de calificación de entidades, de clasificación, de medidas, y las « infraestructuras invisibles « donde ellas toman lugar , ver particularmente los trabajos de Bowker y Star (1999), Callon y Munesia (2003), Vatin (2009).

[4]

Ver la obra de Bellivier y Noiville (2006) y el trabajo de enfoque jurídico para el Auxilio social de los Hospitales de París de Dupont (2008).

[5]

Las tumorotecas siguen en esto las indicaciones elaboradas por un grupo de trabajo sobre los recursos biológicos, constituido por expertos y pilotado por el Instituto Nacional del Cáncer en « Estudio de los costes de funcionamiento y recomendaciones para la disposición de recursos biológicos para fines de investigación «Inca, Boulogne-Billancourt, 2010. Ver también http://www.e-cancer.fr/recherche/les-ressources-biologiques para numerosos documentos en línea. Para un análisis empírico detallado de estas prestaciones de servicios por bancos de tumores cancerosos, ver mi informe « La socialización de los tumores cancerosos», investigacion financiada por el Instituto nacional del cáncer (INCa), Inserm U558, 2008.

[6]

Hago aquí referencia el marco teórico elaborado por A. Bidet, F. Vatin y sus colegas (Vatin, 2009) para dar cuenta de la «économicizacion del mundo» (cf el Manifiesto titulado» el sentido de la medida» publicado en anexo del libro citado).

[7]

Cf. el Convenio sobre la diversidad biológica de 1992, las leyes francesas de bioética y sus revisiones desde 1994, así como las leyes sobre la ganadería de 1966 (modificadas en 2009) y las leyes de orientación agrícola de 2006.

[8]

Es por otra parte esa una de las razones de las críticas formuladas en contra del uso del término recurso, calificado de «ressourcisme», que procede, de modo tácito en las problemáticas medioambientales, de una lógica de « protección a finalidad de explotación diferida en el tiempo « (Ramousse, Salin 2007). Insistir en las ontologías de tales recursos se revela eficiente para contrarrestar los implícitos que encierra.

[9]

La definición propuesta en la CDB (Cf la primera nota al pie de la página) reposa también ese enfoque haciendo como si la utilidad potencial de los « elementos bióticos « sea una de su característica constitutiva.

[10]

Después de numerosos meses de incertidumbres, un fondo de dotación « Misión Tierra-océano « fue creado y anunciado públicamente en una conferencia de prensa realizada el 17 de marzo de 2011 en el instituto Oceanográfico de París: «La Boudeuse repart ! «.

[11]

La noción de désenclavement designa « las operaciones que consisten en vincular la legitimidad de una institución a su capacidad de apertura al exterior «. Recíprocamente, las operaciones de enclave son las « que consisten en construir la legitimidad de las instituciones sobre su capacidad de precaver las presiones exteriores « (Dodier, 2003, p. 30).

[12]

Ver, en el campo medioambiental, a Fortier y Alphandéry (2005) sobre la puesta en ejecución de Natura 2000 en Francia, y Demeulenaere (2009) en lo que concierne a los recursos genéticos vegetales.

[13]

Ver el trabajo de la asociación para la historia de la protección de naturaleza y del medio ambiente (sitio Web: http://www.ahpne.fr/). Sobre la institucionalización de la temática del medio ambiente, particularmente en la acción pública, ver el trabajo de F. Charvolin (2003).

[14]

«También queremos denunciar e interrumpir la destrucción desastrosa (...) de incalculables riquezas cuya explotación prudente debería asegurar la perpetuidad» (Mangin, 1925).

[15]

Para los extractos de este discurso y su análisis, ver la obra de P. Blandin (2009, p. 16).

[16]

Evolución que se encuentra en el mismo nombre de la organización: ésta deviene l’Union Internationale pour la Conservation de la Nature et des ressources naturelles, la UICN, en 1956.

[17]

En este sentido podríamos tomar la biodiversidad como «objeto-frontera» (Star y Griesemer, 1989). Lo que hace E. Demeulenaere (2009). Sobre este tema, ver el dossier de la RAC dedicado a esta noción. Coordinado por P. Trompette y D. Vinck (2009), estos últimos recuerdan que si algunas de las propiedades de tales objetos han sido ampliamente retomadas en investigaciones) (como la flexibilidad interpretativa), otros lo fueron mucho menos, como el de «infraestructura invisible donde el objeto-frontera transporta un conjunto de convenios, de estándares, de normas indizadas a una comunidad de prácticas (...)» (Trompette y Vinck, 2009, p. 5). Así la biodiversidad ganaría a ser estudiar de este modo. Sobre la plasticidad de otros términos conexos, como los de mercado y de bioprospección, ver la obra editada por Aubertin et al. (2007), particularmente el capítulo 7 y la conclusión.

[18]

Ver por ejemplo «El compromiso internacional sobre los recursos fitogenéticos», conferencia de la FAO en 1983.

[19]

Sobre la organización del don de células madre hematopoïéticas en Francia, ver el trabajo que efectué, parcialmente publicado (Milanovic 2009).

[20]

Así como los álamos negros salvajes, amenazados por la «polución genética» que representan los álamos domésticos: sus genes son susceptibles de cruzarse con los álamos negros, por flujo de genes, y de dar origen a álamos híbridos.

Plan de l'article

  1. TRES APUESTAS DE CONOCIMIENTO RELATIVoS A los RECURSOS BIOLÓGICOS
    1. Economizar la naturaleza y lo viviente
    2. Reglamentar los usos
    3. Redefinir las prácticas epistémicas
  2. Genealogía de los recursos biológicos
  3. Acceder a los recursos, regular sus usos

Pour citer cet article

Milanovic Fabien, « Los Recursos Biológicos », Revue d'anthropologie des connaissances 2/ 2011 (Vol. 5, n° 2), p. I-XVIII
URL : www.cairn.info/revue-anthropologie-des-connaissances-2011-2-page-I.htm.
DOI : 10.3917/rac.013.0191

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