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1Los textos que relatan el reinado de Dom Dinis (1279-1325) forman un conjunto particularmente interesante dentro de la historiografía medieval y tardomedieval portuguesa. Un conjunto que, por la diversidad de las épocas de redacción, las proveniencias, los propósitos, e incluso los géneros discursivos de los relatos que lo componen, nos permite percibir cómo, por qué y para qué trabajaban los historiógrafos medievales portugueses. De todos los acontecimientos de ese reinado, quizá ninguno fue tan insistentemente tratado como el conflicto que enfrentó al rey, y sus partidarios, con el infante heredero, D. Alfonso –el futuro Alfonso IV (1325-1357)– y sus aliados; conflicto que ocupó cinco de los ultimos años de vida del monarca (1319-1324), y dio lugar a numerosos enfrentamientos militares.

2Los historiadores actuales señalan como motivo principal de este conflicto la reacción aristocrática a las medidas centralizadoras que D. Dinis había adoptado, dando continuidad e intensificando, con cierta agresividad, las políticas de su padre, Alfonso III (1248-1279). Son muestra de ello, por ejemplo, las frecuentes Inquirições gerais llevadas a cabo en el reinado. Esta orientación estratégica de la Corona, según los especialistas, habría provocado múltiples tensiones, y una consiguiente división del reino en dos bandos. Con el rey estaban, según parece, gran parte de los concejos y las Órdenes Militares, además de algunos aristócratas leales de su corte; contra el rey, y eligiendo como jefe de su movimiento al infante heredero –tal vez con la esperanza de que su próxima llegada al trono cambiara la orientación de la Corona–, varios de los más destacados linajes nobiliarios portugueses. Una división sociopolítica que se corresponde con una división geográfica, reflejo de la distribución territorial de los grupos que se enfrentaban: el sur con el rey, el norte con el infante [1].

3Mi interés aquí se centra, con todo, en los relatos del conflicto escritos por los historiógrafos medievales, y más concretamente en lo que estos relatos revelan sobre sus métodos de trabajo, sus concepciones y sus objetivos. Se conocen tres relatos historiográficos medievales que se ocupan de este conflicto: el del Livro das Linhagens[2] (hacia 1340) y el de la Crónica General de España de 1344[3], ambos redactados por D. Pedro Alfonso, tercer Conde de Barcelos e hijo bastardo de D. Dinis (contemporáneo, por lo tanto, de los hechos narrados, en algunos de los cuales fue participante activo); y el de la Crónica de 1419[4], posiblemente escrita por Fernão Lopes, cronista real, por orden del infante D. Duarte, a la que dedicaré más atención.

4Además de estos relatos propiamente historiográficos, se conservan también los sucesivos manifiestos (según la terminología actual) del rey contra el infante [5], cuyos originales forman parte del archivo real (lo que no deja de ser interesante, dado que en ellos se ataca al sucesor de D. Dinis en el trono). Paralelamente, otra narrativa relata algunos episodios de la guerra: el Livro que fala da boa vida que fez a Raynha de Portugal, Dona Isabel, e dos seus bõos feitos e milagres em sa vida e depoys da morte[6], según reza el título de los manuscritos que la contienen, o Vida de la reina Isabel, según la denominación más común. Esta obra, cuya protagonista, tal y como anuncia el título, es la esposa de D. Dinis y madre de D. Alfonso, fue la primera hagiografía escrita en portugués. Se desconoce quién fue su autor, pero sabemos, por indicaciones contenidas en el propio texto, que se escribió hacia 1336-1337; es decir, muy poco después de la muerte de doña Isabel (4 de julio de 1336), y por lo tanto por alguien contemporáneo a la guerra civil. Tampoco se sabe qué institución impulsó su redacción, aunque su autor fue ciertamente un clérigo (¿o una monja?). El hecho de que se redactara en portugués indica que se pretendió difundirla más allá de los monasterios, aunque apenas en el territorio del reino. Quizá haya que relacionar su composición con los intereses y la práctica pastoral del monasterio de Santa Clara de Coimbra, que la propia reina amplió y junto al cual pasó sus últimos años de vida [7]. Precisamente en ese monasterio se guardaba la más antigua copia de la Vida de que tenemos noticia [8]. Lo que es patente es que se trata de un texto ajeno a la cámara real, y hostil a la memoria de D. Dinis, como en seguida veremos. La relevancia de los manifiestos del rey y de la Vida de la reina Isabel en este estudio reside en que, además de proporcionar visiones contemporáneas del conflicto, han sido utilizados como fuentes por el autor de la Crónica de 1419. Seguiré en mi exposición un orden cronológico, basado en las épocas de redacción de los sucesivos relatos.

5Primer día de julio de 1320, palacio real de Santarém. D. Dinis hace leer públicamente su primer manifiesto. El rey declara, en primer lugar, su sorpresa por la que considera una gran ingratitud por parte del infante: rebelarse contra su padre y señor, pese a todo lo que D. Dinis había hecho por él. A continuación, el rey presenta una extensa lista de malas acciones perpetradas por el infante y sus partidarios. Al mismo tiempo, rechaza dos acusaciones hechas por el infante: la de que Alfonso Sánchez, hijo bastardo del monarca, había querido envenenar a su medio hermano, según constaba de un documento redactado por los hombres del concejo de Magazela; y la de que D. Dinis había escrito al Papa, diciéndole que el infante no podría sucederle en el trono de Portugal porque no era mentalmente apto para ello. El rey incluso presenta una carta, debidamente sellada por el concejo de Magazela, en la que se garantizaba que el documento presentado por el infante era falso. Es decir, además de rebelarse contra su padre y señor natural, lo que por sí solo ya era motivo más que suficiente para que fuera públicamente condenado, el infante mentía.

6Los otros dos manifiestos de D. Dinis, escritos cuando el reino era ya un campo de batalla, tienen por objetivo poner de relieve la conducta violenta del infante y las verdaderas intenciones tras sus actos. El rey refiere en ellos que el infante tenía con él ladrones y malhechores que había sacado de prisión; que quería encargarse de la aplicación de la justicia en el reino; que sin autorización de su padre fue a hablar con doña María, regente de Castilla; y que se había dirigido a Lisboa con la intención de tomar la ciudad, y no para hacer romería a San Vicente, como decía.

7No se conservan relatos similares, esto es, tan extensos y detallados de la autoría del infante o de sus partidarios (tan solo algunas cartas nos revelan su visión de los hechos). Pero los más antiguos textos historiográficos, o «no documentales», son, por lo general, favorables a D. Alfonso.

8El primero de ellos es la Vida de la reina Isabel, escrita, como ya he dicho, hacia 1337. La Vida de la reina sigue una estructura típica del género hagiográfico, o más bien del modelo discursivo hagiográfico [9], concepto más amplio y cuya presencia se detecta en diferentes tipos de textos. La Vida narra, sucesivamente, la ascendencia ilustre, el nacimiento milagroso, las acciones piadosas y el fallecimiento de doña Isabel (según el modelo de la buena muerte), así como los milagros que Dios hizo por su intermediación tras su fallecimiento. El objetivo del escrito es demostrar la santidad de la reina. Nada que no pueda relacionarse con ella interesa al redactor. El texto se centra en destacar sus virtudes: la caridad, la paciencia, la obediencia a los preceptos de la Iglesia, la humildad, la mansedumbre. Todas las acciones y episodios que se narran tienen como función subrayar alguna o varias de estas virtudes en la conducta de la reina y, en conjunto, demostrar su santidad.

9El texto no cuenta, por ello, una historia completa y secuencial de los enfrentamientos entre el esposo y el hijo de doña Isabel, sino que relata algunos episodios en los que la reina participó muy activamente. Tampoco se perciben en él intentos de precisión cronológica. Las alusiones a los enfrentamientos sirven a su anónimo biógrafo como muestras de la santidad de la reina.

10Doña Isabel era, según esta biografía, la persona a la que se debía la paz tras los excesos de los dos bandos enemigos. Resulta, con todo, evidente que es al rey al que el texto considera principal responsable por esos excesos. Su comportamiento es violento, injusto, arbitrario. El que leyera (u oyera leer) la Vida de la reina, no podría comprender a partir de este escrito las razones por las que el rey marchó a Sintra para prender a D. Alfonso, por ejemplo, o por qué se dispuso a cercar Coimbra. Sus acciones son, además, explícitamente censuradas cuando decide quitar las riendas a doña Isabel, o cuando se habla de los malos consejeros que lo rodeaban. El biógrafo de doña Isabel sabía que la reina había apoyado al infante y necesitaba justificar sus acciones.

11Pocos años después de la redacción de la Vida de la reina, el Conde de Barcelos escribía sus obras, el Livro das Linhagens y la Crónica de 1344, en las que también historió las guerras civiles del final del reinado de su padre. El Livro y la Crónica contienen, sin embargo, relatos diferentes de esas guerras.

12Los objetivos del Livro das Linhagens se exponen en el prólogo de la obra. La mayor parte de ellos se relaciona con la necesidad de proveer al grupo nobiliario de elementos que contribuyeran a fortalecer su conciencia histórica y su cohesión interna. Es preciso, dice D. Pedro, que los nobles conozcan los orígenes de sus linajes, los hechos de sus antepasados, los servicios que habían prestado a los reyes, los lazos que los unían. Ello les permitiría imitar los buenos ejemplos de sus antepasados y no repetir los malos, así como evitar las uniones consanguíneas y reforzar la fidelidad y solidaridad del grupo. Del mismo modo, los reyes serían conscientes de todo lo que sus antecesores debían a los linajes, y los recompensarían con tierras, dineros o títulos. Todo esto contribuiría para la cohesión interna de la aristocracia, para el buen funcionamiento de la sociedad y para el servicio a Dios (incluyendo la prosecución de la reconquista). No es difícil imaginar que los constantes enfrentamientos entre linajes, o entre los nobles y los reyes, de los que la guerra civil de 1319-1324 es un ejemplo, influyeron en la decisión de D. Pedro de redactar su Livro. El Livro de Linhagens es también una obra abierta o un work in progress. De acuerdo con el Conde de Barcelos, cada generación debía añadir nuevos linajes. En el mismo prólogo se dice que D. Pedro trató de reunir muchas escrituras que hablaban de los linajes. Esas escrituras no tenían por qué ser estrictamente genealógicas, puesto que los objetivos que perseguía la redacción del Livro das Linhagens obligaban a la inclusión de narrativas a lo largo de las líneas genealógicas.

13El Livro es, pues, una obra en la que la compilatio es el procedimiento básico de construcción textual, y en el que tienen cabida diferentes modelos discursivos, tal y como sucede con las crónicas. Sin embargo, el relato del reinado de D. Dinis que en él se contiene no procede de fuentes preexistentes. Se trata muy claramente de un relato escrito ab initio por el propio conde. No sorprende, por ello, que, tras un muy breve elogio del rey y una lista de sus hijos, los únicos acontecimientos de los que se hable sean aquellos en los que D. Pedro Alfonso tuvo participación directa: el arbitraje de D. Dinis en los conflictos entre Fernando IV de Castilla y Jaime II de Aragón, y la guerra civil del final de su reinado. Ambos narrados brevemente, aunque con interesantes detalles. La brevedad de las narrativas parece ser, además, un requisito del género genealógico, y eso lo dice explícitamente el propio Livro das Linhagens del Conde.

14Según el relato de la guerra civil que en él se contiene, la razón del conflicto fue la intención de D. Dinis de que le sucediera en el trono su hijo bastardo, Alfonso Sánchez. Es uno de los argumentos de los partidarios del infante heredero, como hemos visto al comentar los manifiestos del rey. A pesar de ello, el relato del Livro no es simplemente una justificación de los actos del infante. Lo que interesa es demostrar que el rey no fue capaz de controlar todo el territorio, y que el apoyo de los nobles fue decisivo a la hora de poner fin al conflicto. El Livro das Linahgens dice, así, que el infante tomó los castillos de Coimbra, Montemor, Feira, Gaia y Porto, aunque no pudo tomar Guimarães (es decir, que casi todo el centro y el norte del país apoyaban al infante); que D. Dinis no consiguió entrar en Coimbra; que los ejércitos del infante tenían ventaja sobre los de su padre en la batalla de Santarém, que fue la última; y que la paz fue establecida con la intermediación de caballeros (no se dice cuáles).

15La Crónica de 1344 contiene, como ya he dicho, un relato diferente. Se trata, antes de nada, de un relato más extenso. Ello se relaciona con las características del género genealógico, por lo menos tal y como lo entendían los autores de los libros de linajes portugueses. En principio, en estos textos las secciones narrativas serían menos extensas que en las crónicas. Por otro lado, y además de ser bastante elogioso para con D. Dinis (al que se considera un rey muy generoso y el mejor que hubo en Portugal), el relato de la Crónica tiene una característica muy propia: su preocupación fundamental es justificar las acciones del Conde de Barcelos. Se trata, en realidad, de un personal statement de D. Pedro Alfonso. No parece necesario demostrar que lo redactó el mismo conde, sin recurrir a fuentes anteriores.

16La estrategia fundamental del relato consiste en mantenerse equidistante entre el rey y el infante, atribuyendo todas las responsabilidades a terceros y justificando y valorando, siempre que es posible, las acciones del propio Conde de Barcelos [10]. La Crónica dice, por ejemplo, que fue el diablo el que originó los primeros enfrentamientos entre Alfonso Sánchez y el infante heredero, incluyendo una emboscada que Alfonso Sánchez y Juan Alfonso, otro hijo bastardo de D. Dinis, habían preparado contra el Conde de Barcelos. La Crónica considera también que la decisión del rey de quitarle las tierras a D. Pedro fue muy injusta, puesto que él siempre le había sido leal. Atribuye la responsabilidad de la rebelión del infante a un cierto Gómez Lourenço, fraile de Santiago e hijo de un carpintero de Beja, el cual había incitado a D. Alfonso; y destaca la actuación del Conde de Barcelos a la hora de firmar las paces entre el rey y su heredero. Tal y como sucede en el Livro das Linhagens, la Crónica de 1344 narra también las tomas de los castillos de Coimbra, Montemor, Porto y Gaia, y la resistencia del alcalde de Guimarães. Pero, además de ser más extensa, la narración de la Crónica achaca a los alcaldes de los castillos y a los consejeros del infante las violencias cometidas, y les censura su falta de lealtad. También la decisión de D. Alfonso de marchar a Lisboa (evidentemente con la intención de tomarla) la atribuye la Crónica a sus consejeros.

17Los relatos de la guerra civil presentes en la Vida de la reina, en el Livro das Linahgens y en la Crónica de 1344 tienen, por lo tanto, ciertas características comunes. Los tres fueron redactados sin que sus autores recurrieran a fuentes anteriores, y los tres son contrarios al rey; o, al menos, no apoyan al monarca. Las diferencias entre estos tres relatos se relacionan, bien con el posicionamiento de sus autores, bien con los géneros y modelos discursivos que estos adoptaron.

18La llegada de una nueva dinastía al trono portugués a fines del siglo xiv originó o incentivó cambios importantes en la orientación de la producción literaria e historiográfica. Una preocupación constante de esa producción a lo largo del siglo xv fue la creación de un discurso de legitimación y glorificación de la nueva dinastía, y de la propia monarquía portuguesa, de acuerdo con el cual la existencia de esa dinastía –y de esa monarquía– no se debía a circunstancias fortuitas o a acciones humanas, sino que asentaba sus fundamentos en las cualidades excepcionales de sus gobernantes y en la voluntad divina. La principal entidad impulsora de este proyecto fue la corte real, pero dentro de ella destacó la acción del infante, y luego rey, D. Duarte (hijo de Juan I, el fundador de la dinastía). La corte, por un lado, creó la imagen de la familia real, una familia unida, culta y santa. Comenzó aquí, como ya Luís Adão da Fonseca ha notado, el mito de la Inclita Geração[11]. Por otro lado, existía la necesidad de colocar la memoria histórica al servicio de esa estrategia global de legitimación y glorificación dinástica y monárquica, y aquí es donde sobresale la acción personal de D. Duarte, que parece haber comprendido mejor que nadie la importancia de la preservación de la memoria y de la escritura de la historia [12]. Son muy diversas sus iniciativas en este campo. D. Duarte fue quien redactó los sermones de las ceremonias funerarias de los héroes de Aljubarrota, su propio padre Juan I y el Condestable Nun’Álvares Pereira, manipulando, según parece, la fecha de la muerte de Juan I para hacerla coincidir con la de Aljubarrota, y con la de la conquista de Ceuta (15 de agosto). D. Duarte reunió en su biblioteca diversos textos historiográficos, entre los cuales destacaba una lujosa copia de la segunda redacción de la Crónica de 1344. D. Duarte, por fin, ordenó escribir la historia de los reyes de Portugal hasta Juan I. Una historia que, frente a lo que sucedía en la historiografía portuguesa de los siglos anteriores, no era ya entendida como parte de la historia de España, sino como historia de una colectividad diferenciada del resto de los habitantes de la Península. Una historia nacionalizadora que se convertiría con el tiempo en una historia nacionalista.

19Los hechos de los primeros siete reyes de Portugal (hasta Alfonso IV) los narra la llamada Crónica de 1419, la primera crónica portuguesa de materia exclusivamente nacional, pero cuyo texto, debido a un defectuoso proceso de transmisión manuscrita, no nos es conocido en su totalidad. El objetivo de su redactor parece haber sido precisamente demostrar las razones por las que existía una monarquía portuguesa, y las virtudes de sus reyes y sus naturales. Se trata claramente de una crónica «oficial».

20Los métodos de trabajo de este redactor son, sin embargo, y en buena medida, los tradicionales. Reunió un conjunto de fuentes historiográficas, literarias y documentales, y trató de organizar un texto coherente y cohesionado a partir de esos materiales. Es posible percibir dos tipos de jerarquización de las fuentes a lo largo de la Crónica[13]. Por un lado, una jerarquización que podemos llamar sintáctica, en la que el texto proveniente de la Crónica General de España de 1344, posiblemente en su redacción original, constituye el enunciado al que se subordinan todos los otros. Por otro lado, una jerarquización de los contenidos de las fuentes de acuerdo con la credibilidad que se les otorga. Las fuentes documentales son, por lo general, las más valoradas, y sus versiones de los hechos son las que el cronista acepta si existen contradicciones entre estas y las versiones que ofrecen las otras fuentes, historiográficas o literarias. El cronista introduce, sin embargo, varios comentarios de su cosecha y varias alteraciones del texto de sus fuentes, de acuerdo con su propia visión de los hechos o con los objetivos de su trabajo. También se percibe una diferencia entre los relatos de los reinados de D. Dinis y D. Alfonso IV y los restantes. Esos dos relatos son más extensos y en ellos ya no se utilizan las fórmulas tradicionales de introducción, interrupción y reanudación de episodios (por ejemplo «ahora deja la historia de contar de… y torna a…»), pues son sustituidas por otras, más elaboradas.

21No sorprende que en esta crónica la guerra civil del final del reinado de D. Dinis se narre justificando las acciones del rey y condenando las del infante. Los episodios de la guerra civil son narrados en esta crónica tras referirse el enlace matrimonial del infante D. Alfonso. Este salto cronológico (el infante se casó en 1309, diez años antes de la guerra) se debe a que la crónica ha adoptado previamente una organización temática de las materias, de forma similar a lo que los historiadores alfonsíes llamaban las «estorias unadas». Pero antes de narrar los enfrentamientos entre D. Dinis y D. Alfonso, el cronista decide dirigirse a sus potenciales lectores (u oyentes) [14]. Les dice que va a contar a continuación cómo el Infante se rebeló contra su padre sin la menor razón; que lo mejor sería no hablar de ello, pero tiene que hacerlo, puesto que otros «estoriadores» ya lo habían hecho; y que la narración de las malas acciones del infante podría servir como ejemplo a evitar por otros. Les garantiza, también, que su relato es el más verdadero de todos. Estos comentarios, que tienen una función prologal, constituyen en toda la crónica la manifestación más evidente de la voz del autor en el interior de la narración.

22Es evidente que la guerra civil era un asunto muy importante para nuestro cronista, y pienso que lo era fundamentalmente por dos razones. En primer lugar, porque esa guerra enturbiaba la imagen de unidad entre los miembros de la familia real que tanto preocupaba a la corte de Juan I, y que debía ser proyectada retrospectivamente en el pasado. No parece casual el hecho de que el cronista afirme en numerosas ocasiones que los hijos deben respetar y obedecer a sus padres. En segundo lugar, porque los libros de los «estoriadores» a los que se refiere el cronista eran posiblemente leídos y conocidos por muchos. ¿Valía la pena mencionarlos con tanta seriedad si nadie sabía de su existencia?

23Por lo menos tres de esos libros de los «estoriadores» nos son conocidos: el Livro de Linhagens, la Crónica de 1344 y la Vida de la reina Isabel; y, de hecho, el cronista de 1419 utiliza los dos últimos como fuentes.

24La utilización de la Vida de la reina plantea interesantes cuestiones. En principio, las hagiografías y las crónicas tienen una característica común, además de su naturaleza narrativa: ambas se proponen relatar hechos pretéritos y reales protagonizados por personas también reales. El estatuto epistemológico que los lectores medievales atribuían a estos dos tipos de textos era el mismo. No puede, pues, extrañarnos que las crónicas recurrieran a las hagiografías como fuentes. Sin embargo, el objetivo final de las hagiografías, esto es, tratar de mostrar o demostrar la santidad de un personaje (o de un conjunto de personajes), no es el de las crónicas. La utilización de la Vida de la reina como fuente en la Crónica de 1419 lo ejemplifica muy bien. Al redactor de esta crónica le interesaba doña Isabel no solo como ejemplo de conducta, sino también porque la reina era antepasada de la dinastía al servicio de la cual escribía su obra. La santidad de la reina defendida en la Vida era, por así decirlo, nacionalizada.

25Por otro lado, mientras en la Vida doña Isabel es el personaje en torno al cual se desarrolla toda la acción, en el relato de la Crónica de 1419 la narración se organiza en torno al rey. Y, frente a lo que sucede en la Vida, las acciones del monarca siempre tienen plena justificación y su comportamiento nunca es censurado.

26El cronista sigue, básicamente, dos estrategias: va insertando a lo largo de la narración comentarios muy severos contra los que se oponían al rey; y recurre a menudo a los manifiestos de D. Dinis, cuya versión de los hechos acepta, a veces organizándolos en forma de discurso directo, con el rey como locutor. Así, por ejemplo, mientras en la Vida de la reina la decisión de D. Dinis de marchar a Sintra para prender al infante resulta arbitraria, la Crónica de 1419 narra previamente, a partir de los manifiestos del rey, un conjunto de fechorías del infante que sirven para justificar que el monarca tomase esa decisión.

27Sucede lo mismo con la utilización de la Crónica de 1344. El cronista de 1419 aprovecha sus informaciones pero «corrígelas», añadiendo detalles o episodios que extrae de los manifiestos del rey. Un ejemplo muy claro es el de la emboscada de la que, según la Crónica de 1344, el Conde de Barcelos había sido víctima por parte de sus medios hermanos Juan Alfonso y Alfonso Sánchez. De acuerdo con la Crónica de 1419, el conde no fue la víctima, sino el que causó esa emboscada. Esto era lo que decía D. Dinis en su primer manifiesto.

28Los relatos del reinado de D. Dinis, y sobre todo los relatos de la guerra civil, constituyen, pues, un claro ejemplo de una misma historia narrada de formas diferentes, o más bien de diferentes historias que pueden parecer la misma. Aunque los autores de estos relatos apenas hablen de sus métodos de trabajo y sus concepciones, sus prácticas permiten percibirlos, tal y como sucede con otros cronistas cuyas obras han sido analizadas en el mismo número de esta revista.

Notes

  • [*]
    Este trabajo se ha desarrollado en el marco del proyecto postdoctoral financiado por la Fundação para a Ciência e a Tecnologia con la referencia SFRH/BPD/72825/2010. Agradezco a Covadonga Valdaliso su ayuda en la redacción de la versión final de este trabajo.
  • [1]
    José Mattoso, «A guerra civil de 1319-1324», Portugal Medieval. Novas Interpretações, Lisboa: Imprensa Nacional / Casa da Moeda, 1985, p. 293-308; José Augusto de Sotto Mayor Pizarro, D. Dinis, Lisboa: Temas e Debates, 2007, p. 243-257.
  • [2]
    J. Mattoso (ed.), Livro de Linhagens do Conde D. Pedro. Portugaliae Monumenta Historica. Nova Série. Lisboa: Academia das Ciências, 1980.
  • [3]
    Luis Filipe Lindley Cintra (ed.), Crónica Geral de Espanha de 1344 (1a ed. 1951-1990), 4 t., Lisboa: Imprensa Nacional / Casa da Moeda, 2009.
  • [4]
    Adelino de Almeida Calado (ed.), Crónica de Portugal de 1419, Aveiro: Universidade de Aveiro, 1998.
  • [5]
    Frei Fernando Felix Lopes, «O primeiro manifesto de D. Dinis contra o infante D. Afonso seu filho e herdeiro», ItinerariumColectânea de Estudos, 55, Janeiro-Março, 1967, p. 17-45; Fr. Francisco Brandão, Monarquia Lusitana. Parte Quinta (1a ed. 1672), Lisboa: Imprensa Nacional / Casa da Moeda, 2008.
  • [6]
    José Joaquim Nunes (ed.), Vida e Milagres de Dona Isabel, rainha de Portugal, Coimbra: Imprensa da Universidade, 1921.
  • [7]
    Hay que tener en cuenta, sin embargo, la hipótesis de Ribeiro de Vasconcelos, según la cual el autor de la Vida de la Reina ha sido el franciscano y obispo de Lamego D. Salvado Martins, quien habría estado muy interesado en la canonización de Doña Isabel. Vid. António Garcia Ribeiro de Vasconcelos, Evolução do Culto de D. Isabel de Aragão…, 2 t., Coimbra: Imprensa da Universidade, 1894.
  • [8]
    Maria Isabel Rosa Dias, «A narrativa da vida e milagres de D. Isabel: testemunhos e edições», in: Jesús Cañas Murillo, Francisco Javier Grande Quejigo y José Roso Díaz (ed.), Medievalismo en Extremadura. Estudios sobre Literatura y Cultura Hispánicas en la Edad Media, Cáceres: Universidad de Extremadura, 2009, p. 279-292.
  • [9]
    Cristina Sobral, «O modelo discursivo hagiográfico», in: Ana Sofia Laranjinha y José Carlos Miranda (ed.), Modelo. Actas do V Colóquio da Secção Portuguesa da Asociação Hispânica de Literatura Medieval, Porto: Faculdade de Letras da Universidade do Porto, 2005, p. 97-108.
  • [10]
    Vid. Filipe Alves Moreira, A Crónica de Portugal de 1419: fontes, estratégias e posteridade, Dissertação de doutoramento, Porto: Faculdade de Letras, 2010, p. 138-142.
  • [11]
    Luis Adão da Fonseca, «Política e cultura nas relações luso-castelhanas no séc. xv», Península. Revista do Instituto de Estudos Ibéricos da Faculdade de Letras do Porto, 0, 2003, p. 53-61.
  • [12]
    Teresa Amado, «O projecto histórico de um Infante», in: Isabel Hub Faria (org.), Lindley Cintra. Homenagem ao homem, ao mestre a ao cidadão, Lisboa: Cosmos, 1999; F. A. Moreira, «Notas sobre a convivência de línguas em Portugal no século xv e a tradução da Crónica de Alfonso X», e-Spania [En ligne], 13 | juin 2012, mis en ligne le 30 mai 2012, consulté le 05 avril 2013. URL: http://e-spania.revues.org/21113.
  • [13]
    F. A. Moreira, A Crónica de Portugal de 1419…, p. 67-227.
  • [14]
    A. D. A. Calado (ed.), Crónica de Portugal de 1419…, p. 192-193.
Español

El presente artículo estudia los relatos del reinado de D. Dinis de Portugal (1279-1325), sobre todo los que tratan de la guerra civil que opuso el rey al infante heredero y sus aliados. La diversidad de las épocas de redacción, las proveniencias, los propósitos y los géneros discursivos de estos relatos nos permiten percibir cómo, por qué y para qué trabajaban sus autores. Aunque estos autores apenas hablen de sus métodos de trabajo y sus concepciones, sus prácticas permiten percibirlos.

Palabras claves

  • Crónica de 1344
  • Libra de Linajes del Conde D. Pedro
  • Vida de la reina Isabel
  • Crónica de 1419
  • historiografía
  • hagiografía
Français

Cet article étudie les récits du royaume de D. Dinis de Portugal (1279-1325), notamment ceux qui parlent de la guerre civile qui confronta le roi et l’infant héritier et ses alliés. Les différentes époques de rédaction, les provenances, les intentions et les genres discursifs de ces récits nous permettent de percevoir comment, pourquoi et dans quel but travaillaient les auteurs. Même si ces auteurs parlent à peine de leurs méthodes de travail et leurs conceptions, leurs pratiques permettent de percevoir tous ces aspects.

Mots-clés

  • Crónica de 1344
  • Libro de Linajes du Comte D. Pedro
  • Vida de la reina Isabel
  • Crónica de 1419
  • historiographie
  • hagiographie
Filipe Alves Moreira
SMELPS/IF/Universidade do Porto
Bolseiro da Fundação para a Ciência e a Tecnologia [*]
  • [*]
    Este trabajo se ha desarrollado en el marco del proyecto postdoctoral financiado por la Fundação para a Ciência e a Tecnologia con la referencia SFRH/BPD/72825/2010. Agradezco a Covadonga Valdaliso su ayuda en la redacción de la versión final de este trabajo.
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Mis en ligne sur Cairn.info le 09/02/2015
https://doi.org/10.3917/cehm.037.0139
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